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PLATAFORMA CARRIL BICI DE CÓRDOBA

L I T E R A L I A

 

Una excursión accidentada
Por José Luis Reyes Criado
Córdoba 7 de diciembre de 2005
1er PREMIO en el Concurso de Relatos Cortos - 2005 (Modalidad Infantil)

 

Eran las once de la mañana de un Jueves Santo. José Luis fue con sus padres y su hermano pequeño al Patriarca. Por la tarde tenían previsto ir al pueblo de sus padres, donde pasarían el Jueves y el Viernes Santo, como hacían todos los años. A José Luis, que tenía once años, desde chico le gustaba coger la bicicleta y se le ocurrió que la podría llevar al campo ese día. Gonzalo, su hermano pequeño, de cinco años, también había aprendido ya a montar en bicicleta y convencieron a sus padres para que las cargaran en el maletero del coche. La de Gonzalo entraba bien, pero a la suya le tuvieron que desmontar las ruedas para poder llevársela.

Cuando llegaron al Patriarca, un paraje de Sierra Morena situado al pie de las Ermitas, donde habían ido otras veces a pasar un día de campo, José Luis y Gonzalo sacaron sus bicicletas del coche y se fueron camino adelante, los dos muy contentos por pasar un día con la bicicleta en el campo. Unas horas después, al volver a casa, se le quitaría la felicidad…

Estuvieron paseando con sus bicicletas, sus padres pendientes de Gonzalo, de que tuviera cuidado y no se cayera. Cogieron algunos espárragos, entre todos una mostela, como llamaba su padre a un manojo. Comieron y un rato después prepararon las cosas para irse a casa.

José Luis pensó que podría bajar a Córdoba en bicicleta, y así no habría que desmontarla otra vez. Sus padres y su hermano lo harían en el coche. Su padre le indicó el camino que tenía que seguir, que se veía desde el Patriarca. Debería ir campo a través hasta llegar al canal del Guadalmellato, por una senda que había en mitad del campo cultivado, cruzaría el canal por un pequeño puente y seguiría un camino paralelo al canal hasta llegar a la rotonda de El Tablero. Allí debía esperar a que llegaran ellos con el coche, porque era peligroso que él fuera solo con la bici, ya que tendría que pasar otra rotonda y bajar por una calle que no tenía anchura suficiente, ni carril-bici, ni acera.

Comenzó a bajar. En esos instantes iba pensando que la bicicleta era muy útil para viajar con rapidez y hacer ejercicio a la vez, pero siempre que se fuera protegido con guantes y casco. Ese día no llevaba ninguna de esas dos cosas, cosa que estaba mal hecha.

Sus padres lo vieron bajar por el campo, arrancaron el coche y se pusieron en marcha. Pronto llegaron a la rotonda de El Tablero, pero vieron que su hijo no estaba allí. Miraron hacia el camino, pero tampoco lo vieron. Por el tiempo que había pasado, supusieron que ya debería haber llegado. O se había caído por el camino o no les hizo caso y había seguido hacia casa. Como desde allí se veía todo el camino desde el Patriarca y no veían a nadie en bicicleta o andando con ella al lado, decidieron seguir adelante, José Luis posiblemente ya había pasado por allí.

Efectivamente. José Luis había llegado a la rotonda de El Tablero, pero sus padres se retrasaban. Como no se aproximaba ningún coche, decidió seguir adelante. En esos momentos ya iba por ciudad y por camino asfaltado.

Tras pasar la segunda rotonda, el carril de la derecha, por el que bajaba, sólo tenía un pequeño bordillo y, a la derecha, el campo. Detrás de él iba un coche que lo puso nervioso porque el conductor le pitó con el claxon. José Luis, cada vez más nervioso, cambió de plato y de piñón para correr más. Iba dando muchas pedaladas, se le escapó el pie derecho del pedal, se desequilibró, se le cruzó la rueda delantera, perdió el control de la bicicleta y… José Luis cayó al suelo y se pegó un porrazo tremendo. La bicicleta saltó el pequeño bordillo y se cayó al campo. Algunos conductores pararon y fueron a socorrerlo, quitándole la bici de encima, ya que la caída había sido muy aparatosa y él se había quedado contra el terreno, con la bici encima. El chico se hizo un corte en la mano, se dio un golpe en la cabeza, que también resultó ser herida con corte, y se dobló la pierna al caer al suelo.

A los pocos minutos llegaron sus padres y se asustaron al ver a su hijo con la cabeza y la mano izquierda ensangrentadas. Estaba llorando y preocupado porque le podía haber fastidiado a sus padres el plan para irse a su pueblo esa tarde. Sus padres le dijeron que no se preocupara, que lo importante era que no tuviera nada grave. Tras darles las gracias a las personas que lo habían atendido, lo montaron en el coche –al igual que la bici, de la que tuvieron de nuevo que desmontar las ruedas- y se fueron al Reina Sofía, a urgencias. Pronto se tranquilizaron, ya que la herida en la cabeza no tenía importancia y lo de la pierna sólo había sido un golpe, sin que hubiera ninguna rotura, lo que confirmaron haciéndole una radiografía.

En la mano era donde tenía la herida más importante. Al caer y apoyar la palma de la mano debió hacerlo contra una piedra cuyo filo le había levantado la piel, que casi estaba desprendida. Una enfermera se la estuvo limpiando y llamó a una médica para que viera la herida. Le dijo que la desinfectara y que después le tendría que dar varios puntos. Eso fue lo más doloroso, las pasó canutas. Primero le pinchó varías veces entorno a la herida –su padre le explicó que eso era anestesia, para que luego no sintiera cuando le cosieran los puntos- y luego le dieron ocho puntos de sutura, tras lo que le vendaron la mano.
Después de esto, fueron a su casa, donde estuvo descansando. Les dijo a sus padres que ya había pasado el mal rato y que podían irse todos al pueblo, a ver las procesiones y a sus abuelos. Así no les estropearía esos días de Semana Santa.

Esto les enseñó a José Luis y a sus padres lo importante que es ir bien equipado y protegido cuando se monta en bicicleta, con guantes y casco, ya que si los hubiera llevado no se hubiera hecho la herida en la mano ni en la cabeza. También José Luis pensó qué mal educados estaban algunos automovilistas, que ni siquiera con un niño delante pueden ir despacio detrás de un ciclista, sin pitarle y ponerlo nervioso y qué importante era que hubiera más carriles-bici en la ciudad, para que se pudiera ir por ella paseando tranquilamente y también se pudiera salir al campo sin ningún peligro.

 

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