Cuando
las ciudades se toman en serio las bicicletas
Este artículo escrito por Gary Gardner fue publicado en la Revista
World Watch Edición-Chile, editada por el Instituto de Ecología
Política.
Cuando
las bicicletas, cuando se les da espacio y se crean las condiciones
adecuadas, son una alternativa simple, barata y eficaz a los males
urbanos que ocasiona el automóvil.
A finales
de noviembre de 1997, el Presidente Jiang Zemin de China entró en
una galería de arte en Vancouver, en donde se encontraba para asistir
a una reunión del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. La
visita a la galería no fue anunciada, pero Jiang pronto fue reconocido
y una muchedumbre le rodeó rápidamente. La policía, preocupada por
la seguridad del presidente Jiang, que ya había sido blanco de varias
protestas, llamó a su Equipo de Respuesta Rápida para asegurar su
protección. Cuarenta y cinco miembros de la unidad de élite llegaron
rápidamente en bicicleta, a pesar del tráfico congestionado, y al
instante establecieron una barrera entre la muchedumbre y la galería.
El presidente terminó su visita, subió en el coche oficial y se
fue sin problemas.
La
policía fuera de la galería constituía la unidad ciclista, cuya
misión era proteger a los 18 jefes de estado que asistían a la conferencia.
Reconociendo a la bicicleta como una forma superior de transporte
urbano y una herramienta eficaz, las autoridades de la ciudad le
dieron un papel central en la protección policial de la reunión
internacional.
La
política de Vancouver ejemplifica el reconocimiento creciente de
que las bicicletas tienen un lugar natural en las ciudades, y de
hecho, en muchos casos son la mejor forma de transporte urbano.
Las bicicletas son baratas, limpias, rápidas para las condiciones
urbanas, requieren infraestructuras más baratas que las de los automóviles
y contribuyen a la salud del ciclista. Es más, pueden ayudar a calmar
las ciudades y darlas un sentido de comunidad, menos tangible pero
no menos valioso en la mejora de la calidad de vida urbana.
Mientras
las bicicletas son sólo una especie más en "la ecología" del transporte
urbano, sus ventajas múltiples las hacen especialmente atractivas
para desplazamientos cortos y entregas de paquetes. En las ciudades
que lo han entendido, sobre todo en la Europa nórdica, la bicicleta
ha asumido una presencia importante en el transporte urbano. De
hecho, debido a años de apoyo de los ciudadanos y las autoridades
locales, representan ya del 20 al 30 por ciento de todos los desplazamientos
en las grandes ciudades de Holanda, Dinamarca y Alemania. En muchas
ciudades asiáticas el porcentaje de desplazamientos es aún mayor,
representando más de la mitad de todos los viajes en algunas ciudades
chinas.
Por
otro lado, las autoridades municipales en algunos casos dificultan
el uso urbano de las bicicletas. Guangzhou, Shanghai, Ciudad de
Ho Chi Minh, Yakarta y Dhaka han restringido su uso en esta década
como respuesta al aumento del parque de motocicletas y automóviles.
En Yakarta, unos 20.000 rickshaws (bicicletas carrito que se usan
como taxis) fueron expulsados de la Bahía de Yakarta en los años
ochenta, y otros 30.000 fueron confiscados, en un esfuerzo oficial
para librar a la ciudad de esta "atrasada tecnología.
En
Vietnam las políticas municipales y el aumento de la prosperidad
han sido letales para las bicicletas: el porcentaje de viajes ha
caído en un tercio desde mediados de los años setenta a mediados
de los noventa. Tal tendencia imita la práctica de las ciudades
de algunos países industrializados, donde el desarrollo urbano relegó
hace tiempo la bici a un distante tercer lugar como modo de transporte,
por detrás de los automóviles y el transporte público. De hecho
hoy representan menos del 1 por ciento de todos los desplazamientos
en Canadá y Estados Unidos.
Dado
que las autoridades locales tienen jurisdicción en las áreas donde
la bicicleta es más apropiada, sus políticas determinan su uso en
las ciudades. Son varios los factores que influyen en las decisiones
municipales. A menudo no han ganado una aceptación cultural, o se
perciben como el modo de transporte de los pobres. En otros casos,
las políticas favorables se estrellan contra los intereses de las
empresas automovilísticas y de construcción de infraestructuras.
Por otro lado, el activismo ciudadano es a menudo un impulso importante
para la adopción de políticas que favorecen su uso.
Los
gobiernos nacionales y regionales también tienen mucho que decir:
en 1998 el gobierno norteamericano destinó 1.500 millones de dólares
a un fondo para la promoción de la bicicleta y las redes peatonales,
una clara señal a los gobiernos regionales y locales.
Aun
así, el apoyo local es un factor clave en el sistema de transporte
urbano, semejante a los niveles de radiación solar o de precipitación
en un ecosistema natural, elementos que determinan qué especies
prosperan y cuales faltan. Si una ciudad sucumbe a las presiones
del automóvil, o si favorece el uso de la bicicleta, es una opción
que a menudo depende del gobierno local. Y los empleados municipales,
como la policía en bicicleta, pueden demostrar, o no, la versatilidad
de la bicicleta.
Con
políticas adecuadas, las ciudades alemanas han registrado un aumento
medio del 50 por ciento en el uso de la bicicleta desde 1972 (vea
Tabla, página 19). Pero sin el apoyo activo del gobierno local,
son marginadas por los intereses más poderosos de otros modos de
transporte. El municipio es la clave para aumentar el uso de la
bicicleta.
Una
especie urbana invasora
Muchas
de las enfermedades que afectan a las ciudades se deben a sistemas
de transporte que conceden privilegios indebidos a los automóviles.
Como una especie invasora, los automóviles dominan hoy muchos "ecosistemas"
urbanos, reduciendo la diversidad del transporte y creando un sinfín
de problemas al medio ambiente urbano. En Estados Unidos, el dominio
del automóvil es extremo: el porcentaje de desplazamientos en automóvil
pasó del 67 por ciento en 1960 al 87 por ciento en 1990, mientras
disminuyeron todos los otros modos de transporte. En otros países,
sobre todo en Asia, también se asiste a un aumento de la influencia
del automóvil, con los consiguientes problemas.
La
contaminación atmosférica, que en gran parte procede de los tubos
de escape de los automóviles, es un problema de salud crónico en
numerosas ciudades de los países en desarrollo. Incluso en Estados
Unidos, a pesar de varias décadas de mejora en la calidad del aire,
la tercera parte de la población vivía en 1995 en condados cuya
contaminación atmosférica superaba los límites federales. El tráfico
es responsable del 15 al 20 por ciento de las emisiones de dióxido
de carbono, el gas que es la causa principal del cambio climático.
En
muchas áreas, el automóvil es la causa del círculo vicioso del crecimiento
urbano disperso: la aceptación popular del automóvil como modo de
transporte al trabajo anima el desarrollo suburbano a distancias
cada vez mayores del centro urbano. El desarrollo aumenta la congestión
del tráfico, creando la demanda de más carreteras. Las carreteras,
a su vez, permiten el desarrollo suburbano cada vez más alejado
del centro. Entre 1983 y 1990, la distancia media de los desplazamientos
diarios al trabajo en EE UU creció más de un 30 por ciento, hasta
llegar a los 17,6 kilómetros.
Lo
que es malo para los usuarios lo es también para el territorio.
La congestión del tráfico, y la demanda resultante de asfalto, supone
una mayor presión sobre los terrenos agrícolas y los espacios verdes.
Entre 1989 y 1994, por ejemplo, en los seis países asiáticos donde
se dispone de datos, el aumento del parque de automóviles supuso
1,4 millones de hectáreas más de nuevas carreteras para prevenir
el aumento de la congestión.
Y
así como las bicicletas tienden a mantener unidas las comunidades,
los automóviles las separan. Se culpa a menudo a los automóviles
del aislamiento social y una pérdida del sentido de comunidad, tanto
por el alto grado de privacidad como por las grandes distancias
que ponen entre las residencias y los centros de la comunidad.
Dados
estos males, es improbable que el automóvil llegue alguna vez a
ser el modo principal de transporte en el mundo. Un mundo de 10
mil millones personas, con tantos automóviles por habitante como
Estados Unidos, sufriría la invasión de 5 mil millones de automóviles,
diez veces más que los 500 millones de hoy. A pesar de la locura
de atiborrar las ciudades con automóviles, éstos continúan recibiendo
un tratamiento especial que ayuda a que mantengan su posición dominante
en muchos países. Las subvenciones a la gasolina, carreteras y aparcamientos
hacen que el uso de los automóviles sea artificialmente barato.
El
planeamiento que favorece la baja densidad conspira junto con el
automóvil para extender y prolongar las ciudades a grandes distancias,
lo que a su vez hace que los automóviles sean cada vez más imprescindibles.
El planeamiento que favorece más y mayores autopistas y autovías
sobre la gestión creativa de la demanda de transporte impide que
la bicicleta desempeñe un papel importante. Los presupuestos de
EE UU, por ejemplo, destinan 1.500 millones de dólares para las
bicicletas y peatones, frente a los 174 millardos de dólares para
carreteras, 116 veces más.
Estas
preocupaciones son cruciales para relanzar el uso de las bicicletas.
Las ciudades que han promovido el ciclismo lo atribuyen a un enfoque
amplio, que les ha permitido establecer un nicho apropiado para
las bicicletas, autobuses, metros, taxis, automóviles privados,
camiones y desplazamientos peatonales.
Ciertamente
las bicicletas no siempre son apropiadas para todas las personas
o desplazamientos. Para los ancianos o los padres con niños pequeños
es improbable que el ciclismo sea viable para muchas de sus necesidades.
Igualmente, las ciudades con fuertes pendientes o con clima lluvioso
o húmedo no son muy apropiadas. Pero en la mayoría de las ciudades,
pueden jugar un valioso papel en una gran variedad de desplazamientos.
Ciudades:
el hábitat natural de la bicicleta
Las
bicicletas son un elemento natural del transporte urbano. Las interacciones
íntimas y frecuentes que caracterizan la vida urbana son un nicho
natural para la bicicleta. La mayoría de los desplazamientos urbanos
son apropiados para la bicicleta: la mitad de todos los viajes en
el Reino Unido, y el 40 por ciento en Estados Unidos, son inferiores
a 3,2 kilómetros.
A pesar
del crecimiento urbano disperso en Estados Unidos, más de la cuarta
parte de todos los viajes son inferiores a 1.600 metros, según el
Departamento de Transporte de EE UU. Los ciudadanos consideran que
estas distancias son apropiadas para las bicicletas. La mayoría
de los norteamericanos encuestados considera que los desplazamientos
inferiores a 3 kilómetros son apropiados para las bicicletas, mientras
que los holandeses las usan para un tercio de los desplazamientos
de entre 2 y 5 kilómetros.
Los
viajes urbanos también se caracterizan por las velocidades bajas
y el escaso espacio de aparcamiento; ambos factores favorecen a
la bicicleta. Las velocidades de las bicicletas varían de una ciudad
a otra, pero son competitivas con los automóviles en los viajes
urbanos de unos 2 kilómetros, y a menudo en distancias más largas.
De hecho, cuando la velocidad es importante en distancias cortas,
como los servicios de mensajería o la entrega de pizzas, muchas
empresas las prefieren a los automóviles. Y comparadas con el transporte
público, son superiores en desplazamientos más largos. En Beijing
las bicicletas son más rápidas que el autobús o el metro para los
viajes inferiores a 6 kilómetros y son competitivas con el transporte
público en desplazamientos de hasta 10 kilómetros.
En
algunas ciudades, el papel de la bicicleta está extendiéndose para
incluir ciertos tipos de transporte de pequeñas cargas. Nunca sustituirán
a los camiones en el transporte de cargas pesadas, pero las cargas
pequeñas y las paradas frecuentes que a menudo requieren algunas
entregas urbanas favorecen el uso de la bicicleta. Ésta fue la experiencia
de una gran panadería industrial en Bogotá que reemplazó 200 furgonetas
de reparto por 800 triciclos, reduciendo el coste de las entregas
a sus 22.000 clientes diarios.
Igualmente,
un distribuidor de Pepsi en San Salvador encontró que una bicicleta
y un remolque podían entregar 900 cajas de refresco por mes, tantas
como un vehículo de reparto, un camión de 5 toneladas, pero con
un coste muy inferior. La bicicleta demostró ser más apropiada para
entregar rápidamente las cajas a los numerosos y próximos puntos
de reparto (pequeñas tiendas y casas que se abastecen de artículos
para la venta a los vecinos).
En
los países industrializados, los servicios de mensajeros en bicicleta
operan ya en muchas ciudades. Es fácil imaginar la distribución
de comestibles y otras entregas de pequeños paquetes, sobre todo
a medida que aumente el número de consumidores que compren por teléfono
o Internet.
Si
las ciudades son el ambiente natural para las bicicletas, éstas
a su vez son buenas para el paisaje urbano. El tráfico de bicicletas
no contamina. Cada viaje hecho en bicicleta en lugar de automóvil
reduce la contaminación de ozono troposférico, óxidos de nitrógeno,
dióxido de carbono, partículas y ruido.
Ni
los automóviles eléctricos ni los de bajo consumo pueden competir.
Y dado que las bicicletas se emplean para viajes cortos, durante
los que los motores de los autos están fríos y son ineficientes,
el aumento del ciclismo tiende a eliminar los viajes más contaminantes.
Un estudio para el estado de California estimó que el 90 por ciento
de las emisiones en los desplazamientos en automóvil de 11,2 kilómetros
se genera en el primer kilómetro. El analista Todd Litman estima
que por cada 1 por ciento de viajes en automóvil reemplazados por
la bicicleta, la contaminación atmosférica causada por los automóviles
disminuye de un 2 a un 4 por ciento.
Litman
también ha comparado los costes causados al paisaje urbano por los
automóviles y las bicicletas. Empleando una gran variedad de herramientas
económicas, desde el coste de compra y mantenimiento de los vehículos,
a los costes sociales de la congestión, la contaminación atmosférica,
ruido, estacionamiento, mantenimiento de la red viaria y otros impactos,
Litman encontró que la sustitución de los automóviles por las bicicletas
en EE UU ahorraría 1,59 dólares por cada viaje de 4 kilómetros durante
las horas valle, y 3,68 dólares durante las horas punta.
Dado
que los estadounidenses recorren anualmente 2,4 billones de kilómetros,
el ahorro social potencial de incluso un pequeño cambio es gigantesco.
Si sólo se sustituyesen el 5 por ciento de los kilómetros durante
las horas valle, los ahorros serían de 100 millardos de dólares.
Si se añaden los beneficios estéticos y para la salud del ciclismo,
es como si las ciudades fueran el tipo de hábitat natural para las
bicicletas.
Restaurar
el hábitat de las bicicletas
Mientras
las bicicletas tienen un lugar "natural" en el ambiente urbano,
los obstáculos a su uso a están convirtiendo en una especie amenazada
en muchas ciudades. Así como los embalses en el río Columbia han
reducido las poblaciones de salmones en un 90 por ciento, las autopistas
mal planeadas y otras infraestructuras ligadas al automóvil han
reducido el nicho urbano de las bicicletas, relegándolas a sótanos
o garajes. Las evidencias del potencial inactivo del ciclismo en
Estados Unidos se encuentran en un estudio del Departamento de Transporte
de EE UU (NBWS), que en 1994 mostró que sólo el 5 por ciento de
los americanos considera el ciclismo o el caminar como su forma
principal de transporte, pero el 13 por ciento preferiría andar
o pedalear.
¿Qué
hará falta para aprovechar este interés, y restaurar a la bicicleta
en su nicho urbano? Los obstáculos al ciclismo citados en el estudio
son "la preocupación sobre la seguridad del ciclista" y "longitud
y excesiva duración de los desplazamientos." Tales preocupaciones
son también responsables del bajo nivel del ciclismo en otros países.
Ambos tipos de objeciones pueden solucionarse parcialmente a nivel
local. Las ciudades pueden solucionar el problema de la seguridad
dejando espacio para las bicicletas en las calles o construyendo
carriles bici. Los problemas de la distancia pueden encaminarse
planificando desarrollos más compactos y uniendo eficazmente bicicletas
con transporte público, creando aparcamientos amplios y seguros
en las estaciones de metro y de tren, o incluso permitiendo llevarlas
a bordo.
El
NBWS afirma que destinar espacios al ciclismo aumenta la percepción
de seguridad, y puede ser un aliciente importante para aumentar
el uso de la bicicleta. El estudio encontró una estrecha correlación
entre el tamaño de la red de carriles bici y el uso de la bicicleta.
Más impresionante es la experiencia de los Países Bajos, donde las
autoridades duplicaron la longitud total de la red de carriles bici
entre 1978 y 1992, y el número de víctimas de accidentes disminuyó
un 30 por ciento y los heridos un 25 por ciento, a pesar de que
aumentó un 30 por ciento el número de kilómetros recorridos en bici.
La infraestructura ciclista es una de la razones por las que Holanda
tiene una de las tasas más altas de uso en el mundo: el 30 por ciento
de todos los desplazamientos se realiza en bicicleta, y en algunas
ciudades se llega al 40 por ciento.
A menudo,
los cambios más simples, como las señales de las calles, pueden
ayudar a promover el ciclismo en las ciudades. El profesor John
Pucher, de la Universidad de Rutgers, ha documentado los cambios
baratos pero eficaces que Muenster, en Alemania, ha hecho para complementar
su red de carriles bici. Los carriles bus, por ejemplo, pueden ser
empleados por las bicicletas, pero no por los automóviles. Los semáforos
están diseñados para dar prioridad a las bicicletas. Algunas calles
sólo tienen un sentido para los automóviles y doble para las bicicletas.
Las medidas para "calmar el tráfico" en las calles residenciales
limitan la velocidad de los automóviles a 30 kilómetros por hora.
Y líneas especiales en las intersecciones permiten que los ciclistas
paren delante de los automóviles, mientras la luz verde se enciende
antes para los ciclistas permitiendo que crucen la intersección
antes de que los automóviles empiecen a moverse.
Algunas
ciudades facilitan el ciclismo uniendo transporte público y bicicletas
lo que ayuda a éstas a "capturar" los viajes cortos a los intercambiadores.
Holandeses y americanos viajan aproximadamente distancias similares
para llegar a la estación de metro o tren: de 2 a 4 kilómetros.
Pero
los holandeses captan para el ciclismo este potencial mejor que
los americanos. Por cada automóvil que lleva un pasajero a las estaciones
de tren holandesas, llegan tres bicicletas. En las ciudades de EE
UU cubren una porción ínfima de estos viajes.
Un
factor importante son los intercambiadores, con aparcamientos adecuados
para las bicicletas. Grandes aparcamientos, a menudo con miles de
espacios, son hoy normales en las estaciones de tren holandesas,
japonesas, danesas y alemanas.
En
Japón, los gobiernos locales han creado los aparcamientos. Hasta
1978, los aparcamientos para bicis en las estaciones ferroviarias
en ese país eran pocos y privados. Pero
a comienzos de los años noventa, las ciudades y pueblos eran los
propietarios de las tres cuartas partes de los aparcamientos en
las estaciones ferroviarias, como resultado de un programa especial
(con subvenciones de las administraciones nacional y local). El
número de plazas en las estaciones de tren creció de 600.000 en
1977 a 2,4 millones en 1987, un aumento que se corresponde con el
mantenimiento de altos niveles de uso del ferrocarril en Japón,
a pesar del crecimiento del parque automovilístico.
Y
por supuesto, es mucho más barato proporcionar plazas para bicicletas
que aparcamientos para los automóviles. La construcción de una plaza
de aparcamiento a cubierto cuesta de 50 a 500 dólares, frente al
coste de una plaza de garaje para cada coche, cuyo coste va desde
los 12.000 a los 18.000 dólares. Los ahorros en espacio son igualmente
grandes: en cada metro cuadrado de suelo se puede aparcar una o
dos bicicletas, frente a los 30 metros cuadrados que requiere una
plaza para automóvil.
En
algunos lugares, el mayor obstáculo al ciclismo es también el más
simple: la falta de bicicletas. En muchos países en desarrollo,
están ausentes del paisaje urbano porque pueden costar el salario
del mes o más.
Lima,
en Perú, intenta solucionar este problema con un programa de microcréditos,
con préstamos de 100 dólares a pagar en 12 cuotas mensuales disponibles
para los ciudadanos de bajos ingresos. La ciudad está capitalizando
el deseo de pedalear de los limeños: dos tercios de los hombres
y más de la mitad de las mujeres en el área del proyecto utilizarían
la bicicleta si tuvieran una, según un estudio local. Junto con
la expansión de los carriles bici, el programa de préstamos es parte
de la política de la ciudad para aumentar la proporción de viajes
en modos no motorizados, desde el 2 al 10 por ciento. El programa
también tiene la ventaja de combatir la pobreza: al eliminar la
dependencia del transporte público, cuyo coste asciende a unos 25
dólares mensuales, los trabajadores que ganan 200 dólares mensuales
verán aumentar sus ingresos un 8 por ciento durante el periodo del
reembolso, y en más de un 12 por ciento una vez amortizado el préstamo.
A
veces la falta de bicicletas es una situación temporal, como con
el empleado que la deja por la mañana en la estación de tren pero
que la necesita para un desplazamiento urbano a la hora del almuerzo.
Algunas
ciudades han encontrado soluciones también a este problema. Copenhague
pone a disposición del público 2.300 bicicletas en 120 aparcamientos
distribuidos por la ciudad. Los usuarios pagan 20 coronas (unos
3 dólares) por la bicicleta, pero tal fianza se reintegra cuando
se devuelve (a menudo en una parte diferente de la ciudad).
Las
bicicletas son populares entre los turistas, pero también para el
danés medio: la cesta, por ejemplo, fue diseñada para llevar una
cartera, y los hombres de negocios a menudo las usan. Después de
tres años, el programa ha alcanzado un gran éxito. El apoyo es tan
fuerte que la flota de bicis se ha doblado. Y se usan intensivamente:
un periódico danés informó que por término medio sólo pasan 8 minutos
en espera de nuevos usuarios.
Además,
los robos de bicicletas, un gran problema en Copenhague antes de
que comenzase el programa, se redujeron en un 18 por ciento en el
primer año de funcionamiento, y 26 por ciento en 1996. Las bicicletas
de la ciudad llevan publicidad en marcos y ruedas, por lo que son
demasiado llamativas para ser robadas. Y su disponibilidad y gratuidad
hace que el robo sea innecesario.
El
programa de Copenhague lo gestiona una sociedad mixta de capital
público y privado. Las empresas adquieren las bicicletas especialmente
hechas, a cambio del espacio publicitario. Por su parte la ciudad
convirtió estacionamientos de automóviles en aparcamientos para
bicicletas, destinando 600.000 dólares a los aparcamientos y carriles,
así como al buen mantenimiento de la flota de bicis.
Los
partidarios consideran que el apoyo activo de la ciudad es parte
esencial del éxito del programa. Los trabajadores municipales plantan
las semillas Pero no basta con disponer de buenas infraestructuras
o con conocer las ventajas del ciclismo; las bicicletas no se usarán
si la cultura local no las acepta, como sucede en muchas sociedades.
El
estudio del Departamento de Transporte mostró que los americanos
ven el ciclismo como modo de transporte o de trabajo "poco elegante",
una "actividad infantil", o "socialmente impropio para aquéllos
que pueden permitirse el lujo de tener un automóvil." Algunas culturas
africanas consideran el ciclismo como impropio para las mujeres,
a pesar de su utilidad potencial para mujeres que realizan la mayor
parte del transporte de muchos productos.
Las
autoridades municipales deben dar ejemplo, usando las bicicletas
en su propio trabajo, legitimándolas así. Las bicicletas están poco
aprovechadas como forma de transporte oficial, aunque sus aplicaciones
potenciales son grandes. Los inspectores municipales, trabajadores
sanitarios, lectores de contadores, empleados de parques y jardines,
paramédicos y otros empleados las podrían usar en su trabajo, como
ya se hace en varias ciudades.
En
varios países es la policía, como en Vancouver, la que ha mostrado
un gran interés en sus ventajas, un fenómeno reciente y en rápido
desarrollo en la última década. La Asociación Internacional de Policía
en Bicicleta de Montaña (IPMBA), creada en 1992 para proporcionar
información y entrenamiento a las patrullas, estima que más de 2.000
departamentos de policía en Estados Unidos, Canadá, Australia, Islandia
y Rusia tienen unidades ciclistas, con unos 10.000 funcionarios.
La
mayoría de estas patrullas se han creado en los años noventa, y
el número de miembros de la IPMBA se ha multiplicado por nueve desde
1992. Dado que el uso policial de las bicicletas es tan reciente,
no hay datos para saber si ello ha supuesto un aumento de su uso
por el público en general. Pero las empresas del sector creen que
tal efecto de demostración existe.
Un
informe de una publicación de la industria señaló que tres docenas
de empresas ciclistas y de accesorios contrataron espacios en la
conferencia de la IPMBA en 1998 para vender sus productos, en parte
porque un policía en bicicleta es como un "anuncio con un valor
incalculable", según un representante del sector. Otro señaló que
los funcionarios trabajan ocho horas diarias "promoviendo el ciclismo
y llegando a un mercado muy amplio." Y los policías ciclistas confirmaron
el punto de vista de la industria: "El público nos ve montados en
las bicicletas de montaña y nos pregunta por nuestra experiencia.
La próxima cosa que harán será montar ellos también."
Si
la tal evidencia es real, el efecto evangelizador del uso de la
bici por los empleados municipales podría ser importante. Otras
razones para el uso de las bicicletas es que éstas aumentan la productividad.
Más de la mitad de los departamentos de policía analizados por la
IPMBA registraron más arrestos, con un promedio del 24 por ciento,
cuando se introdujeron en las secciones de patrulla. Posteriormente
los arrestos cayeron y se redujo la delincuencia, debido al efecto
disuasivo.
El
secreto de esta efectividad es el sigilo: un policía en bicicleta
ve más, y se le ve menos, que a un colega en automóvil.
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