IR A PÁGINA DE INICIO
NOTICIAS
Quienes somos
CON BICI
EnBICIate
Acciones y Actividades
 Próximas Actividades
 Pacto Andaluz
por la BICICLETA
 Programa
"Córdoba en Bici"
 Convenio
Centro Educación Vial
Operación Ring-Ring 2008
BICICLETA
Beneficios
Ventajas y Condicionantes
Vias ciclables y señales
Consejos para circular
CÓRDOBA
Plan Director de Bicicletas
PGOU de Córdoba
Carriles-bici de Córdoba
Bici-aparcamientos
Rutas en Bici
DOCUMENTACIÓN
Documentos propios
Otros documentos
 
Bicicleta y_ARTE
Rincón Bicio_Literario
Observatorio Publicidad
 
otros enlaces
hazte socio

PLATAFORMA CARRIL BICI DE CÓRDOBA

L I T E R A L I A

 

Memorias de una bicicleta
por Cristina González

A todos aquellos que aprendieron de la vida en la lentitud de un pedal

AHORA que ya casi no me queda tiempo, ahora que aún conservo un soplo de vida, - de esa vida que tuve antaño-, antes de ser pieza de museo o simple materia de chatarra, quisiera dejar aquí retazos de existencia que mi olvidadiza memoria alcance. No ha sido la mía una existencia singular ¡oh no!, soy tan corriente como la vida misma. ¿Qué afán es este entonces -diréis- de contar mis memorias?. No sé, quizá por llenar el vacío de este rincón donde parecen haberme olvidado , quizá para que alguien recuerde que una vez fui joven, hermosa, envidiada por la elegancia de mi porte, sencilla y única en el trato, fiel amiga de mis dueños, solidaria en el esfuerzo, siempre dispuesta.

NO recuerdo mi edad pero me veo nueva, recién adquirida, diría yo; una niña de largas trenzas azabache me conduce, le quedo grande y aun así me mueve con firmeza, segura de mí como si me hubiera soñado largas horas en su alcoba estudiando cada movimiento. No hay coches a mi alrededor, la tierra mece mis ruedas, los radios se deslizan silenciosos, ¡qué bien sienta este frescor de la tierra en la mañana!, ese olor que penetra por mi cámara, que sube y sube y me impregna haciéndome que me deslice a mis anchas por este sendero virgen de ruidos enemigos, ¡soy feliz, recién estrenada inocencia! La hierba me hace cosquillas cuando la niña me deja allí echada mientras ella corre sin parar. No sé qué busca esta niña, mis ojos no llegan a alcanzarla en esta posición. La hierba me gusta, entonces no tenía esta pata de cabra que ahora me mantiene erguida y vigilante, altiva y cansada; entonces, pasaba mucho tiempo echada escuchando el latido de la tierra, soy camino predilecto de hormigas juguetonas que investigan curiosas mi frío esqueleto.

CASI estoy perdiendo la memoria, no consigo recordar qué fue de la niña, qué fue de mí en aquellos años, qué fue de la nostalgia de la tierra y de la hierba, qué de esa primera inocencia.

ME veo muchos años después... un mozalbete rubio se desliza por mi cintura, me saca a dar largos paseos cerca del mar, siempre el mismo recorrido,
¡Qué curioso!, lleva una cartera colgada al hombro, debe pesarle bastante porque a veces me la deja en una especie de asiento o portaequipajes que ha mandado hacer expresamente para eso; me sienta muy bien esta ampliación...¿cómo diría?...sí, me siento renovada ¡ya era hora!, también me ha puesto un timbre que toco juguetona cuando no me observa, es muy eficaz , tiene el extraño poder de hacer que se aparten los obstáculos y yo paso así tranquila y derecha.
Es un tipo curioso, recoge todos los días un montón de sobres blancos con garabatos y luego los va dejando por las casas casi sin parar, como lanzados al viento; yo lo observo con misterio, siento que le soy útil y eso me llena de orgullo, sin mí ¿qué haría?, porque son kilómetros y kilómetros los que recorremos ¡y con ese peso...! luego, cuando la cartera se vacía y yo me siento más liviana, suele sentarse en la arena a contemplar el mar, me echa a su lado deslizando una mano suave bajo mi manillar hasta tumbarme y allí la deja en silencio, como olvidada, mientras sus ojos se pierden por extraños vericuetos que no llego a alcanzar; a veces me acaricia como si yo fuera la imagen de su nostalgia.
Quizá sueña con esa mujer de pelo corto y oscuro que algunas tardes le acompaña , entonces me lleva por caminos no conocidos; no se sienta sobre mí, camina a mi lado despacio, cada uno me coge un manillar y charlan, ellos no saben que yo guardo en mis entrañas arcanos secretos de amores y me hago la despistada, para no herirlos, para no apresurar el tiempo en el que ya intuyo que han de separarse; él es un mozalbete rubio con unos ojos acomodados a esa mar donde cada día reposamos, ella, una mujer de pelo corto y ojos de mundo con un mirar que quiere beber otros océanos, pero aún no lo sabe por eso escucha risueña las charlas del muchacho. Yo,.. yo que ya soy algo mayor y voy aprendiendo de la vida, me hago la tonta y callo alegre entre la incertidumbre. ¡Soy verdaderamente útil!, me digo, y me siento el objeto más valioso del Universo.

¡CUÁNTO tiempo de eso! ¡Extraña felicidad la de entonces! Han pasado los años como vuelo de pájaro.

AHORA son malos tiempos para mí, llevo un largo candado sobre mi columna, pesado como cadena de preso, cada vez que me paro largo rato me atan a algo rígido, ese contacto me intimida y me anula, sólo el árbol me da aún algo de calor y me acompaña.
Me dejan olvidada allí durante horas, los niños se me acercan y me tocan, algunos me dan una patada, ¡los muy canallas!, ¡si supieran lo que duele!; hasta un día me robaron mi asiento de cuero que tan bien me sentaba.
No me siento segura aquí, hay mucho ruido a mi alrededor, risas, voces, sonidos estridentes, todo se mueve mientras yo observo el frenesí de esta vida y siento que estoy ya pasada de moda. Soy un juguete poco útil, ya no me necesitan para moverse, ¡poco veloz en la diversión, dicen los muy cretinos!; prefieren ese trasto horroroso con dos ruedas y motor que hace mucho ruido o ese otro no menos horroroso con cuatro ruedas que se mueve a sus anchas sin dejarme espacio, sin verme siquiera, sin siquiera molestarse en mirar por si yo estoy pasando risueña y desprevenida, con todo mi orgullo.
¡Sí, son malos tiempos! Pero no me quejo, algunos aún me quieren a mí, luchan por mí, por que yo pueda ocupar mi espacio, por que vuelva a sentirme útil y no sólo un complemento más de diversión como un patín o una pelota para las mañanas soleadas del domingo. Les estoy agradecida aunque yo ya no estoy para este ritmo, soy lenta, no llevo dieciocho cambios como mis compañeras de ahora; me parieron con tres y así me quedé y no lo lamento, hice robustas las piernas de los que confiaron en mí, las contorneé dándoles vigor y belleza.

YA apenas me queda tiempo, siento que todo desfallece, es este reúma, reminiscencia de otros tiempos duros. Mis ojos tienen ya una imagen más cercana, próxima a estos años.
Me conduce una chica alta y delgada, no tiene mucho equilibrio, se diría que no aprendió de pequeña, le falta manejo y soltura, me mareo un poco con sus subidas y bajadas, sus inclinaciones, pero aun así le tengo aprecio porque no me deja olvidada en una habitación sin luz, o a la intemperie en un balcón oscuro; le gusta ponerme en medio del salón, contemplarme a la luz del atardecer, me deja un gran espacio entre sus libros a la vista de todas las miradas.
Le parecí hermosa y elegante y me prefirió a esas otras modernas de tantos cambios; bien es verdad que le costaba cuando el camino era serpenteante y arduo, pero eso aún no le importaba hasta que... hasta que unos amigos le propusieron un viaje por la sierra.

AQUELLOS días ella me miraba con tristeza, con cierta vergüenza, me contemplaba extasiada y ensimismada, pasaba sus manos por todos mis contornos y entonces los supe.
El dolor penetró en mí como un aguijón venenoso, no sabía qué hacer, me abandoné a mi suerte desvencijada e inútil, mi cadena perdió elasticidad y se atropellaba, mis ruedas perdían aire sin cesar, los manillares se torcieron ajenos ya a toda demanda. Ella también supo de mi angustia, de mi desesperanza.
Una mañana, al despertar, vi a mi lado a un ejemplar magnífico, curiosamente estaba apoyada en mí, ¡ella, tan joven!; vestía un bonito color morado, grande y con muchos cambios; durante meses convivimos ambas en el mismo espacio mirándonos con disimulada desconfianza.
La chica alta y delgada no quiso venderme, me dejó en buenas manos, manos acostumbradas al tacto de las bicis y la grasa de sus cadenas. Cuando se marchó del pueblo, sólo se llevó la nueva, no tenía espacio para mí en su nuevo hogar. Sé que ella confía en tener un gran espacio y recuperarme.

PERO yo ya soy vieja, las fuerzas se escapan y ya no confío ¡Qué importa! Cumplí mi parte, puedo estar así años hasta que el óxido me descomponga, quizá pronto acabe en la chatarra o en un museo de viejos especímenes. Tengo suerte, puedo recordar retazos de mi vida y sobrevivir en estas líneas de nostalgia y quizá yo, esta humilde bicicleta, parida en la vulgaridad de una vida cotidiana y anónima, me haga así inmortal y eterna, por siempre amada.

 

Volver a Literalia


arriba
--------------------------------------------------------------------------------

PLATAFORMA CARRIL-BICI de CÓRDOBA
Casa Ciudadana - Ronda del Marrubial s/n. 14007. Córdoba
Tfno. 645 500 424.